Improvisación no-libre/libertad compulsiva


Ray Brassier


Texto escrito para una performance con Mattin en el festival Arika,

episodio 4 ¨La libertad es una lucha constante¨, el 21 de abril del 2013 en el Tramway, Glasgow


Gracias a Barry Esson y Byrony McIntyre.





¿Cuales son las condiciones para la ¨improvisación libre¨?


Necesitamos aclarar estos dos conceptos: ¨libre¨ e ¨improvisación¨.


Primero libertad. Tenemos que distinguir entre libertad y voluntarismo.

El voluntarismo entiende la libertad como la propiedad de un acto de voluntad ejercitado por el yo.

Para que un acto cumpla con los requisitos de libertad en el sentido voluntarista, ni el yo ni su acto pueden ser determinados por causas antecedentes. En este sentido, el acto libre de la voluntad

erupcionará ex-nihilo: esto implica que no será determinado ni por disposiciones psicológicas, ni por procesos físicos. Es el producto de una voluntad que el voluntarismo absolutiza en una fuerza oculta ejecutada por un yo soberano. La libertad es interpretada como el atributo de la determinación generada por este yo. La libertad en este sentido es metafísicamente objetable, ya que evoca entidades y fuerzas que son cuanto menos sospechosas. La alternativa es ver la libertad como un acto de auto-determinación donde no es el yo quien ejerce el poder determinante a través de su acto, sino más bien el acto el que se determina así mismo. Para que esto tenga sentido, es necesario entender la reflexividad empleada en la noción de ¨auto-determinación¨, no como el yo actuando sobre sí mismo, sino como el acto actuando sobre sí mismo. Utilizaré la palabra ¨acto¨ para querer decir este acto actuando sobre sí mismo. La capacidad para actuar esta compuesta de dos estratos diferentes de comportamiento: 'el comportamiento gobernado por un patrón' en un nivel y 'el comportamiento que se conforma a la regla' en el otro nivel. El acto es un resultado de la superposición de estos dos niveles, por ejemplo, de la superposición del comportamiento que se conforma a la regla, sobre el comportamiento gobernado por un patrón. Es el producto de la intrincación de estos dos niveles, aunque no pueda ser reducido a ninguno de ellos.


El comportamiento gobernado por un patrón es ubicuo en los ámbitos biológicos y físicos. Sistemas físicos realizan patrones complejos desintencionadamente. El patrón es encarnado por los componentes del sistema, de cada parte que lo constituye, pero la constitución es efectuada por algo tan mecánico como un esquema eléctrico. Este mecanismo ejecuta códigos para el patrón, sin que la estructura del patrón tenga que ser representada por ninguna de sus partes. Por consiguiente, los giros y meneos ejecutados por una abeja danzante – comunicar información acerca de flores – suceden, pero sin que esta razón sea intencionada: la abeja no tiene una mente en la cual pueda planificar como realizar su danza:



¿Que significaría decir que los giros y meneos de una abeja volviendo de un campo de tréboles ocurren así porque forman parte de una danza compleja? ¿Nos comprometería esto con la idea de que las abejas conciben la danza y actúan en virtud de planear su realización?

Si rechazamos esta idea, ¿tenemos que rehusar la idea de que el patrón de la danza de las abejas en su totalidad está implícito en la ejecución de cada giro y de cada meneo? Claramente no. Esto nos ofrece la oportunidad de dar una explicación evolucionaria sobre el fenómeno de la danza y por lo tanto de interpretar que la ocurrencia de este meneo corresponde a una danza compleja a la cual pertenece – como parece anteriormente, para atribuir una fuerza causal a una abstracción, tentándonos así a recurrir al lenguaje mentalista de intenciones y propósitos – en términos de un valor de supervivencia de estas formas de comportamiento para los grupos de abeja. En esta interpretación, el patrón de la danza aparece no como una abstracción, sino como un ejemplo de un comportamiento particular de las abejas.i


¿Que significa decir que los meneos de la abeja son parte de una danza?

¿O explicar su meneo diciendo que cada movimiento ocurre debido a la danza? Decir esto es decir que el movimiento orgánico sucede por una razón – que tiene una función adaptativa- pero esta razón (o función) no esta representada en el cerebro del organismo el cual ha sido motivado por éste. Esto es distinguir entre hacer algo por una razón o hacer algo debido a una razón. La capacidad de hacer algo debido a una razón surge de la capacidad de hacer algo por una razón.

Aunque, no se debiera de confundir con esto.


La capacidad de ser motivado por una razón es una disposición arraigada en unos mecanismos disposicionales más rudimentarios. Tanto el comportamiento gobernado por reglas como el comportamiento gobernado por patrones son generados por condicionantes: así como el comportamiento gobernado por un patrón depende de disposiciones determinadas biológicamente, también el comportamiento que se conforma con la regla depende de disposiciones adquiridas culturalmente. Desde el momento en el que el comportamiento esta disposicionalmente condicionado, uno tiene que adquirir las disposiciones relevantes para poder actuar. Pero aunque los dos son disposicionales, ni el hábito biológico, ni la costumbre social son rigurosamente determinantes. Son mecanismos adaptativos capaces de recalibrar cuando afrontan circunstancias que no han sido anticipadas. Este tipo de improvisación adaptativa es común a través de los dominios biológicos y culturales. Esto es necesario – pero no suficiente- para constituir un acto. Pero no es libre. Aunque el acto libre no es opuesto a los hábitos biológicos o a las convenciones sociales; éstas proporcionan las condiciones que lo hacen posible – pero solo si las disposiciones relevantes son configuradas correctamente.



Instinto y conformismo son disposiciones biológicas y sociales respectivamente. Éstas corresponden a los niveles de comportamientos: el gobernado-por-patrón y el gobernado-por-regla. Así como las reglas son unas sub-especies de los patrones, las convenciones son unas sub-especies del instinto. Sin embargo, uno tiene que adquirir la habilidad de ajustarse a una regla antes de que sea capaz de actuar debido a ésta: la capacidad de obedecer es el pre-requisito para mandar. Cuando éstas están ausentes, la tiranía del instinto ejerce su influencia. La auto-afirmación del yo es tiránica precisamente porque es simplemente un montón de impulsos. El acto sustituye la tiranía del yo impulsivo con la regla del sujeto. Pero es el acto mismo quien es el sujeto. El yo no es nadie. Mediante su determinación, la compulsión subjetiva toma el control sobre el impulso egoísta. Esta despersonalización es la condición para la acción. Esto fuerza la acción. Para que esta auto-determinación ocurra, los mecanismos tienen que adquirir la capacidad para representar las reglas que gobiernan su propio comportamiento de tal forma que se pueda percibir el patrón gobernante como tal.



Hay una transición del nivel de la respuesta disposicional gobernada por reglas al nivel donde la regla es reconocida como regla. Este reconocimiento cambia la regla de una restricción a una razón motivada para la acción. Mediante esta transformación, los mecanismos aprenden a percibir la configuración que determina su comportamiento como una razón para actuar. Este reconocimiento requiere una involución en el cual el código que genera el patrón es contestado como código por una secuencia del patrón mismo. El reconocer el código que genera la conformidad gobernada por reglas convierte el impulso mecánico en la compulsión para actuar. La involución que fundamenta este reconocimiento es simplemente una reflexión mecánica. El adquirir las capacidades apropiadas es cuestión de poseer el tipo de competencias adecuadas. Esta involución de competencias es la llave para la transformación en la cual el impulso egoísta da lugar a la compulsión anónima. Esta es la llave para la comprensión materialista de la autonomía.

La autonomía es malinterpretada cuando es reprendida como un fetichismo individualista o libertario. La autonomía entendida com un acto auto-determinante es la destitución de la autoafirmación del yo y se convierte en la subjetivación de la regla. El que se somete ¨así mismo¨ a la regla es el agente anónimo del acto. Estar sometido implica actuar en conformidad con la regla que se aplica indiscriminadamente a todos y todas. Uno no se compromete a la regla; el sujeto es el acto actuando sobre sí mismo, es su auto-determinación. El acto es el único sujeto y permanece sin rostro. Sin embargo, éste solamente puede ser detonado en circunstancias muy específicas.

El reconocimiento de la regla genera la condición para desviarse o fracasar al actuar de acuerdo a la regla que constituye la subjetividad. Este reconocimiento es detonado por los mecanismos relevantes de identificación; que no requieren apelar al hecho de percatarse de la consciencia del yo.



El ideal de la ¨improvisación libre¨ es paradójico: para que la improvisación sea libre en el sentido necesario tiene que ser un acto de auto-determinación, pero esto requiere la involución de una serie de mecanismos. Es este proceso involutivo el que es el agente del acto – que no es necesariamente humano. Este no debe de ser confundido con el yo del improvisador, el cual es mas bien el mayor obstáculo para el surgimiento del acto. El improvisador debe de prepararse para actuar como un agente – en el sentido en el cual uno actúa como un operativo encubierto - de parte de cualquier mecanismo que sea capaz de efectuar la aceleración o confrontación que requiere el surgimiento del acto. Este último surge en el punto de interrelación entre reglas, patrones, razones y causas. Esta es la llave que resuelve el misterio de como la objetividad genera subjetividad. El sujeto como agente del acto es el punto de involución en el cual la objetividad determina su propia determinación: el agenciamiento es un proceso de segundo orden a través del cual los determinantes neurobiológicos o socio-económicos (por ejemplo) generan su propia determinación. En este sentido, el reconocimiento de la no-libertad de la actividad voluntaria, es la puerta de la libertad compulsiva.









i Wilfrid Sellars ‘Algunas reflexiones sobre los juegos lingüísticos’, p. 208. Philosophy of Science , Vol. 21, No. 3. (Jul., 1954). Se puede obtener aquí la versión original en inglés: http://people.cohums.ohio-state.edu/tennant9/sellars_ps1954.pdf



Texto traducido del inglés por Mattin con revisiones de Miguel Prado y Leire Vergara (diciembre 2013).